FotomatónBar — 30/11/2016 at 13:33

Concierto de Luis Brea

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Luis Brea y el miedo ofreció en noviembre dos conciertos seguidos en el FotomatónBar. La banda decidió cerrar un ciclo allí donde lo empezó y quiso finalizarlo regalando a sus seguidores dos conciertos excepcionales, en los que lo dieron todo tanto ellos como el público. Les deseamos suerte en el nuevo ciclo que ahora empiezan y en el que estamos seguros que lo mejor está por llegar. Os dejamos con la crónica escrita por Andrés Castaño acompañada de las excelentes fotos de Alejandro del Estal.

 

Jugando en casa y sin ‘postureo’

Texto  Andrés Castaño
Fotos  Alejandro del Estal

Cuando uno juega en casa, juega tranquilo, pero siempre con la responsabilidad de no defraudar a los tuyos. El cuarteto Luis Brea y el Miedo volvían al Fotomatón Bar años después, lugar en el que trabajó de encargado casi 4 años, después de hacer ruta de festivales pasando por el Tomavistas, el Sonorama y el Enofestival, y muchos años después de cuando presentaron en formato trío ‘De lo dicho nada’ (2010). Su estilo él mismo lo definía allá por 2012 como postindie, una especie de postmodernismo de lo que hemos sido en los 90 y de lo que somos ahora. Y es que alguien que es capaz de dejarse llevar por el sonido más cautivador y elocuente de Julio Iglesias sin ruborizarse, es digno de ser escuchado entre tanto postureo indie. Lleno hasta la bandera las dos noches (en el Fotomatón Bar) que servían de cierre de su gira. La banda ya está grabando su tercer disco del que no desvelaron ninguna primicia en directo. Y con la jugosa noticia de su reciente fichaje por la agencia de management Hook (que lleva a artistas como Izal o Amaral, entre otros). Esos llenos suponían la confirmación rotunda e inapelable de que Luis Brea y el Miedo gozan de mucho tirón y de un entusiasmo sin igual.

Luis Brea
Luis Brea

Se centraron en su segundo larga duración ‘Luis Brea y el Miedo’ (Candy Rockets, 2015), tocando sus diez canciones, abriendo el concierto con el arranque poderoso y la pegada que tiene “El verano del incendio”, y temas más tarde llegar a esas confesiones nocturnas tan reales y certeras que aparecen en “Discotecas”. Una banda que ha encontrado ese equilibrio entre la música con nervio, la balada y unos textos muy personales. Textos que hablan de una generación que vio sus sueños esfumarse, se dejo llevar por el ritmo trepidante de la vida, recogió los restos del incendio, y supo rectificar para ajustarse a la vida, sin renunciar a todo. Jorge Martí (guitarras, coros), Lázaro Fernández (batería), Nacho Mora (bajo) y Luis Brea (voz, acústica, eléctrica) sonaban como un todo redondo, todas las piezas encajaban. Luis Brea tiene ese punto de frontman, con su gorra que le da un aire muy a Kurt Wagner de Lambchop, como si hiciera de alguna manera un country folk a su manera, y su cada vez mayor desparpajo en el escenario, para moverse entre el público o provocar una sentada general.

Sentada general
Sentada general

Y es que Luis Brea y el Miedo ya tienen una legión de seguidores que cantan, bailan y viven sus canciones como si no hubiera mañana. O a lo mejor es que han vivido esas canciones como si fueran suyas, como si esas historias conectaran directamente con sus corazones y sus vaivenes emocionales. El caso es que son postales de juventud, una juventud aún viva. En esas historias hay vida, fracasos, excesos y alguna que otra alegría, pero sobre todo mucha honestidad: “Resurrección” o la necesidad de despertar; el pasado, lo material, la nostalgia de “Hada roja”; “After Crisalida” o el aprendizaje a base de hostias en el peligroso juego de la vida, Nirvana y Motley Crue, bailando ese vals y sin saber quién perderá hoy su zapato de cristal.

La banda sonando impecable, gracias de nuevo al técnico, Daniel Montero, y la audiencia entregada. “Mil razones” y “Tres Cruces” hablan de los contrastes entre la exaltación y el deseo cumplido, o en el otro caso de la derrota del amor. Pero sobre todo, la victoria de ver a una banda bien compenetrada, que saca brillo a sus canciones, que eleva y expande el poder de esas coplas de la vida. Ese final grandioso de “Tres Cruces”, exponiendo la cualidad vocal de Luis. Recuperando “La cuenta atrás”, del disco ‘Hipotenusa’ (Marxophone, 2012), con otra cara, sin ese sampler del “Love’s Theme” de Barry White pero con ese espíritu soul. Hubo homenaje al Foto y a Alfonso, como no, Jorge y Luis estuvieron muy ligados con el bar. En total 14 canciones que sonaron rebosantes. Los bises llegaron con tres clásicos monumentales como “Baso es con V”, “Dicen por ahí” y como no “Automáticamente”. Un regalo de directo, y la magia de la sintonía entre el todo y las partes. Luis Brea y el Miedo no entran en el postureo, ellos son así, de barrio, de ciudad dormitorio, de provincia: y a mucha honra. Con todas sus batallas que les aúpan aún más a ese lugar trabajado poco a poco, sin prisa pero sin pausa, sonando con fuerza, alcanzando metas y sobre todo conquistando públicos.

Saludo Final
Saludo Final

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  1. Pingback: Fotomatón, un curioso nombre para un interesante lugar. – SmileHunter

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