FotomatónBar — 13/06/2016 at 00:10

Concierto de Rafa Pons

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Este jueves hemos tenido la suerte de disfrutar de la actuación de Rafa Pons en el FotomatónBar. Aunque ya se había subido a nuestro escenario con anterioridad, esta era la primera vez en que lo hacía en solitario y las entradas se agotaron varios días antes del concierto.

Os dejamos con la crónica del concierto escrita por David Saavedra acompañada de las fotos de Alejandro del Estal. Pero antes un pequeño apunte para los que no seáis habituales del FotomatónBar, Gus es el encargado argentino del bar y ha vivido y tiene familia en Buenos Aires.

 

Crónica del concierto de Rafa Pons el jueves 9 de junio de 2016

Texto: David Saavedra
Fotos: Alejandro del Estal

 

Rafa PonsLo más evidente sería recalcar una vez más la filiación de Rafa Pons con toda una estirpe de cantautores que poetizan las cosas del corazón desde la canallita. Sabina y Robe Iniesta en primer plano, Quique González y diría que Pereza (más Rubén Pozo que Leiva) en segundo. Pero el caso es que, viéndolo subir al escenario, enseguida me vino a la cabeza el imaginármelo como el primo desaliñado, y ligeramente descarriado, de Sergio Dalma (la sonrisa de embaucador, la voz rota). O incluso la propia fantasía de Dalma en una especie de traslación a los ambientes musiqueros de “El príncipe y el mendigo” de Mark Twain. Bueno, lo de la mendicidad es un poco faltón, porque el catalán prácticamente agotó el aforo del Foto con un público poco habitual del local. Incluido un fan en las primeras filas que se parecía mucho a David Trueba. A todos nos lo pareció, pero yo creo que no era. Vale, sí, podría ir a habérselo preguntado, pero ya otra vez en el mismo Foto, una noche que habían tocado Las Buenas Noches en un local cercano, le fui a preguntar a un tipo si era Miguel Brieva y él me contestó que quién era ese. Lo cual al final me dio que pensar que tal vez es que se trataba de Miguel Brieva vacilándome, pero lo dijo tan borde que creo que… vamos, que no, que paso de hacer más esas cosas.

 

Rafa Pons

Siendo sinceros, lo que hace Rafa Pons no es precisamente mi rollo, pero tengo que reconocer su valor. Creo que en esta gira, jocosamente bautizada por él como “Guitarra y coz”, en la que también acepta peticiones del público, sus canciones ganan no solo en cercanía, sino también en peso, envergadura o, dicho de una manera que seguro a él le encantaría, son como esas personas que ganan cuando las ves en bolas. Las letras son su mayor fuerte, porque juega con las palabras con mucha gracia e ingenio, tienen el punto justo de incorrección política (“irme de putas y encontrarme a Julia Roberts”, por ejemplo, se escucha en su hit, “Julia Roberts”; o esa otra de “una mierda pinchada en un palo en forma de corazón” de “El último pedazo del pastel”). Como dijo en algún momento que le dijo una amiga suya, esas canciones que son súper bonitas y muy hijas de puta al mismo tiempo. Canciones, en esencia, que tratan situaciones reconocibles y generalizables y llegan al público. Tanto que, debo reconocer, me pasé más tiempo mirando lo que pasaba debajo del escenario que encima de él: a la pareja que cantaba las canciones y hacía coreografías al fondo de la barra, a las tres personas de mediana edad que estaban tras ellos, a la pareja de chicas cantándoselas a gritos, a las que bailaban sin parar, al grupo de colegas cerveza en mano… La capacidad de conectar es la clave de su éxito. Tanto, que hasta terminó un grupo de fans, mayormente femeninas, subiéndose al escenario como si estuviésemos en un concierto de Chris Isaak o PXXR GVNG. O como Sergio Dalma en sus fantasías mendicantes se debe pensar ingenuamente que es esto lo que sucede en todos los garitos del underground.

 

Rafa Pons

Bueno, además de todo eso, Rafa Pons ejerce entre canción y canción de monologuista de humor, y también lo hace bien. Cuenta anécdotas y la gente se descojona. Como que alguien en el telediario habló de Wimbledon y dijo Rafa Pons en lugar de Rafa Nadal, que a raíz de no sé qué se acordó de Vargas Llosa y la Preysler. Y también tiene una filia argentina muy clara. Seguro que a Gus se le removió una nostalgia cuasi gardeliana (bueno, tal vez más rockera) cuando salió con el móvil a grabar la sentida interpretación de “Buenos Aires”.

 

 

Y ya dieron ganas de decirle a Alfonso que a ver cuándo ponen Quilmes a vender en el momento en que se sacó de la manga la que considero su más lograda canción, la jolgorizante “Follón kilombo”. Si la escuchasen los supervivientes de Los Rodríguez venderían a su madre por ella. Un argentino vendiéndole a su madre a un catalán… Eso daría para otro chiste pre-corrección política. En fin, que luego se quedó el protagonista firmando discos, y Pico O Pala & Leguleia Djs empezaron a pinchar, pero eso ya es entrar en ese momento de la noche en que lo que sucede en el Foto, se queda en el Foto.

 

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