FotomatónBar — 13/10/2016 at 17:38

Concierto de Eladio y los Seres Queridos

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Este pasado sábado tuvimos la suerte de contar con Eladio y los Seres Queridos para nuestra programación especial del X Aniversario del bar. Era su concierto de fin de gira y nos ofrecieron un concierto de rock con mayúsculas, lleno de garra y energía. Crónica escrita por Elena Rosillo con fotos y vídeos de Alfonso Menasalvas.

Fotomatón celebra su décimo aniversario con Eladio y los Seres Queridos

Texto:  Elena Rosillo
Fotos & vídeos: Alfonso Menasalvas

Una década no se cumple todos los días. Menos aún, en un país donde “180 empresas cierran cada día desde que empezó la crisis” (ABC) y “casi 5.000 locales han cerrado en el año 2015” (El Economista). El panorama es desolador para las iniciativas culturales, por descontado. Y ahí está el Fotomatón, con sus paredes naranjas y su objetivo a modo de puerta, abriendo todas las semanas, con crisis o sin ella.

Puede que gran parte de la supervivencia del Fotomatón se deba a su capacidad para programar contenidos interesantes, sobre todo, para ese nicho exigente, formado y conocedor de la escena, definido como “el indie”. La Fotomatón People al completo se reunió el pasado sábado en este local que tiene visos a convertirse en centenario, de seguir así, para recibir la visita de El Hombre Tranquilo. Porque Eladio no es John Wayne, pero se le parece mucho. Ese rostro rotundo de gestos marcados, ese aire contenido de saber más de lo que dice, de callar más de lo que dice. Ese que “cuando bebe whisky, bebe whisky. Y cuando bebe agua, bebe agua”. Aunque este sábado, Eladio y sus Seres Queridos (David Outumuro a la batería, Marcos Vázquez al teclado, Uka al bajo) iban a vino. Tinto, por supuesto.

 

Eladio
Eladio
Marcos
Marcos
David
David
Uka
Uka

Y es que otro de los factores de éxito del Fotomatón es esa cercanía que te permite invitar a un vino a tu artista favorito antes de subirse al escenario. Compartir unas palabras con los Seres Queridos, que te cuenten qué tal la carretera, los kilómetros que se han pegado para viajar hasta Madrid, y cómo el “Foto” (aquel en el que tocaron tres veces seguidas con amigos durante tres días seguidos) es ya como su casa. Como decía Abel Hernández en su trilogía sobre el nacimiento del indie, la diferencia básica entre esta y otras escenas es el hecho de que el artista forma parte, también, del público.

Esta ocasión era distinta para los de Vigo. No venían acompañados de amigos con los que hacer un set compartido, como había ocurrido en anteriores visitas de Eladio. Esta vez, los gallegos tiraban de hasta tres guitarras electroacústicas, una batería completa, un teclado (de lo más noventero en su ejecución) y un potente bajo, que sonaba incluso más potente en manos de Uka. El plan de los Seres Queridos en esta celebración era llevar a término su set eléctrico, un espectáculo que ya ha funcionado en escenarios festivaleros (como el Sonorama 2015) o en pequeñas salas. Y es que la diferencia de la producción en sus tres LPs contrasta notablemente con su directo. No todos los días tenemos la oportunidad de ver a Eladio Santos en toda su magnificencia, arrancándose con solos de guitarra plagados de reverb y power-chords, que le hacían asemejarse más a una estrella del rock (también en la actitud) que a un lánguido noventero de la escena independiente.

 

Grupo

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Están ustedes unidos servía como preámbulo de un largo setlist en el que habría fluctuaciones constantes de energía. Desde un intermedio basado en la introspección (temas como El Miedo, que Eladio cantó casi a capella, sin acompañamiento, son una invitación tanto a la reflexión como a la rebeldía interior) en la que no faltaron los aguafiestas incapaces de cerrar la boca para disfrutar de un concierto sin dar su “opinión de mierda” (benditos Los Punsetes), hasta un final de traca rockera, con Outumuro dejando claro que aquel dicho que afirma que la calidad de un grupo se mide por su batería, tiene su poso de razón, con Marcos tirando de ingenuidad sintética, aportando ese toque inocente, con Uka dejando escapar una sonrisa tras otra, asido a su instrumento, y un Eladio que sudaba con satisfacción. Porque el vigués no deja de ser un artesano más, aunque se trate de canciones. Y para los artesanos, no hay trabajo acabado sin sudor ni trabajo. Un trabajo conformado a base de letras casi premonitorias, de una extraña sensibilidad personal, esa que tienen los sabios, los vecinos de un lugar que conocen y han visto crecer, que guardan en su interior un saber casi ancestral. Los “Eladios”.

 

 

Aquella noche el Fotomatón celebraba 10 años de vida, y Eladio le dedicó un Cumpleaños feliz. Nosotros solo deseamos que los Seres Queridos se vuelvan a dejar caer por allí todas las veces que hagan falta.

GRUPO FINAL

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